
Lento, demasiado lento para mi ritmo, aunque me ocupe en miles de cosas, siento el tiempo pasar lentamente, mientras se acumula el deseo, mientras mis fantasías se agolpan esperando el momento y me hierve la sangre corriendo por mis venas.
Soy una ansiosa, una morbosa, pero controlo el pulso de mi ansiedad, incluso disfruto de la interminable espera.
Llega cojeando, llega.
Me paseo delante de sus ojos enfundada en un vestidito de vinilo negro, es una guarrada, dice él, me gusta provocarle.
Me estiro en la cama, se sienta entre mis piernas y me quita las medias, sus manos aun no se han deslizado por mi piel y tiemblo, siento unos pequeños espasmos de placer, doloroso placer, intento relajarme, le dejo hacer, juega con sus dedos, veo en su mirada como planifica lo que piensa darme, aunque lo desconozco, nunca se lo que me espera, me sorprende como siempre el camino que utilizamos para llegar a ese estado de infinito éxtasis.
Estoy caliente, muy caliente, siento sus caricias, como juega con mi deseo, con mi necesidad de su cuerpo, con el hambre que me devora por dentro.
Lo recuerdo salvaje, inesperadamente arrollador, me penetra, me remuevo en la cama abrazada a ese cuerpo clavado dentro de mi, me abandono y siento como lento, profundo llega a cada célula de mi cuerpo hasta estallar en mi cerebro un increíble orgasmo que me hace convulsionar hasta casi desfallecer.
Sus manos, su cuerpo, me inmovilizan hasta hacer brotar gota a gota mi lujuria, arrancándome el alma en cada suspiro, si, me gusta, es así como me gusta. Y solo así.
Un polvo fantástico, morboso, cálido…
El cojo manteca, no es de manteca y cojo.. en según que momento tampoco.