
Cada uno en esta vida tenemos nuestra escala de valores, nuestro precio.
Me ha costado llegar hasta aquí, una vez que lo he probado ya no puedo renunciar.
"I can resist everything except temptation" (Oscar Wilde)
El trato: un post describiendo un súper polvazo si no, me quedo sin sexo una temporada; es evidente que soy capaz de exprimir mis neuronas hasta que goteen.
Mi premio/precio: sexo, no hablo de cualquier sexo, no de cualquier polla propiedad de un individuo cualquiera, hablo de la mejor polla que he visto en mi vida al natural, (en realidad son las que cuentan y no puedo hablar de las que desconozco), al propietario hay que darle, al menos, un alto porcentaje del merito por el placer que te provoca.
Desde el primer instante cuando he escuchado la amenaza, el reto, he pensado: eres incapaz de explicar esto, no encontrarías las palabras para describirlo, pero el muy cabrón es capaz de decirlo en serio, con lo cual no solo no follo, sino que encima se follará a otra, yo podría hacer lo correspondiente también... Que eso pase de vez en cuando entra dentro de nuestra peculiar historia, es así, incluso podemos hablar sobre ello y encima me produce una sensación de complicidad, debo de ser una rarita de tres pares.
Siendo honesta conmigo misma, no quiero prescindir de semejante placer, tendré que aceptar el trato y buscar incluso en el último rincón las palabras precisas para intentar describirlo.
Desde nuestro primer polvo al último, no creo que haya habido dos iguales y han sido bastantes.
Hoy apareció por la puerta, tipo ejecutivo agresivo,
cool, morboso.
Él lo sabe, con traje, corbata y esa sonrisa guarra en la cara, me pone.
Estaba especialmente sexy, moreno, muy fibrado, desnudo, sentado en el sofá, envuelto en un pequeño pareo que le marcaba ese tremendo rabo entre las piernas, relajándose con una cerveza y un porro después de unos intensos días de trabajo.
Me gusta cuando aparece por aquí unas horas y cuando se va me queda esa sensación de flojera, de relax, la casa en silencio, me siento bien, el cuerpo descompuesto.
Mientras charlábamos acabé tumbándome a su lado, mi cabeza encima de su muslo, a pocos centímetros de su polla, como si alguna especie de imán me atrajese hacia ella.
Relajados, se lo que va a pasar.
Pocos segundos tardaron mis ojos en ver asomar ese rosado, jugoso capullo por debajo del pareo, mis labios se acercaron hasta rodearlo, lo lamí con instinto goloso, la notaba crecer, ensancharse, palpitar dentro de mi garganta. Seguí en mi íntimo encuentro, en mi propio placer y el suyo.
Sucesión de imágenes me vienen a la mente.
Llegar al borde del precipicio, una vorágine de sensaciones,
Ritmo, cadencia, piel, vicio, un culo en pompa, unos ojos clavados en él.
Pasión, intensidad extrema, mantenida, las gotas de sudor resbalan por nuestros cuerpos, la luz de la tarde, una leve brisa nos acompaña.
La siento turgente, cálida, me llena.
Dejo que mi lengua se pierda por su piel de acero templado.
El espejo me devuelve una imagen de dos cuerpos impregnados de una pasión desbordada.
Me miro y me sonrío, nunca me siento tan atractiva como en estos instantes en que me vuelvo tan zorra, tan guarra como mis inexistentes prejuicios me lo permiten.
Recorre todos los puntos de placer de mi cuerpo, uno a uno, inagotable, y siento que no hay nada, absolutamente nada más salvaje, nada más sexy, nada más tierno, nada más erótico que este juego en el que nos fundimos hasta llegar al límite, donde nuestro deseo culmina en un líquido momento que nos envuelve en esos segundos de intima comunión.
Nunca imaginé este profundo sentimiento de placer en cada poro de mi piel, nunca, hasta que apareciste tú.